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Comprender la Historia - LA INVASION PORTUGUESA Y LA DERROTA DEL ARTIGUISMO
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 LA INVASION PORTUGUESA Y LA DERROTA DEL ARTIGUISMO  
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LA INVASION PORTUGUESA Y LA DERROTA DEL  ARTIGUISMO
La clase dirigente porteña no aceptó el predominio artiguista en las provincias. El federalismo, la autonomía de las provincias para decidir su destino, y la política aduanera que intentaron aplicar aquellas provincias, no convenía a sus intereses. La clase dirigente quería mantener el control del comercio exterior a través del puerto d e Buenos Aires; de esta manera obtenía dinero actuando como intermediario y cobrando los aranceles. Si las provincias comerciaban directamente con el exterior o a través de otro puerto, por ejemplo Montevideo, perdían ese control.

Por eso la actitud de hostilidad hacia Artigas de los gobiernos que se sucedieron en Buenos Aires. Tal hostilidad llevó incluso a estimular la invasión portuguesa a la Provincia Oriental como forma de deshacerse de Artigas y terminar con su influencia.

El Director supremo Carlos de Alvear envió a Río de Janeiro a Manuel García para proponerle al rey de Portugal, Juan VI, que se coronara rey de las Provincias Unidas, sin unir a estas con el territorio de Brasil. Pero la propuesta incluía también que la P. Oriental si pasara a ser parte del Brasil.
Estas iniciativas fueron luego retomadas por el Congreso de Tucumán reunido en 1816.
Pero esa no es la única causa que explica la invasión portuguesa.

Existía un tradicional interés de los portugueses de extender sus dominios hasta el Río d el Plata al que consideraban el “límite natural” entre sus posesiones y las españolas. Este interés de extender sus territorios había aumentado desde que Juan VI había decidido quedarse en América. El rey portugués había venido a Río de Janeiro escapando de la invasión napoleónica. Pero en 1815, derrotado Napoleón en Europa y libre el territorio de Portugal del dominio francés, Juan VI decidió quedarse en Brasil y ser rey “desde América”. Por lo tanto intentó aumentar su poder y prestigio extendiendo sus dominios americanos ya que no podía extenderlos en Europa donde ya no era una país importante.

Además, y este el principal argumento de los portugueses para justificar su invasión a territorio oriental, se temía que la acción del artiguismo se contagiara al sur del Brasil. Allí había rebeliones de tipo federal y republicano que podían llevar a que ese territorio, limítrofe con los territorios donde Artigas ejercía el protectorado, terminara separándose de Portugal. Por otra parte no hay que olvidar que los artiguistas reclamaban territorios tomados por los portugueses: las Misiones Orientales.

También existía un interés de los saladeristas de Río Grande del Sur por el territorio oriental que le proporcionaba ganado. Los arreos de ganado hacia su territorio habían sido  impedidos por Artigas para recuperar la ganadería oriental.

Pero también desde la P. Oriental hubo quienes vieron con buenos ojos la invasión portuguesa.
La oposición a Artigas en la P. Oriental. Al iniciarse la revolución Artigas emergió como una personalidad capaz de unificar la voluntad de la población y por eso la élite dirigente vio en él el instrumento para crear un gobierno estable. La clase dirigente quería cambios pero al menor costo posible. Para ellos el cambio era participar en las decisiones cosa que el régimen colonial español no les permitía.

Artigas necesitaba el apoyo del patriciado oriental porque tenían influencias y poder económico; eran necesarios para la administración, ya que tenían conocimientos adquiridos durante la colonia.
Pero a medida que el artiguismo se radicalizó y propuso cambios más profundos, la clase dirigente comenzó a tomar distancia. Había desconfianza hacia el ejército gaucho cuyo mantenimiento significaba un alto costo en ganado; la guerra con Buenos Aires paralizaba el comercio y no todos estaban de acuerdo con el reglamento de tierras.

La clase dirigente concentrada en Montevideo anhelaba seguridad y orden. Los portugueses ofrecían eso. No debe extrañarnos que miembros del Cabildo Gobernador los recibieran con homenajes de bienvenida.
Desarrollo de la invasión. La invasión se inició en agosto de 1816. Los invasores, con el nombre de “Ejército Pacificador” ingresaron a territorio oriental en dos columnas: una por el sureste bajo el mando del General Carlos Federico Lecor (que tenía el mando de toda la invasión) y otra por el norte.
El plan de Artigas fue evitar que ambas columnas se unieran y llevar la guerra a territorio de Brasil para cortar los suministros a los invasores y ponerlos a la defensiva.

Los portugueses obtuvieron rápidos éxitos en el sur donde derrotaron a Rivera en India Muerta y en el mes de enero de 1817 ingresaron a Montevideo. Los artigusitas mantuvieron el control del interior durante 1817. Pero algunos jefes fueron capturados y otros, persuadidos por la campaña diplomática emprendida por Lecor, abandonaron a Artigas. Oribe y Bauzá pasaron a Buenos Aires, Lavalleja, Andresito y Otorgués fueron tomados prisioneros. Rivera, luego de la derrota artiguista en Tacuarembó, firmó un acuerdo con Lecor (febrero de 1820) y se incorporó a los portugueses.

La intención de atacar territorio brasileño y tomar las Misiones fracasó por el espionaje, las infidencias y la superioridad portuguesa. Los ejércitos de Portugal eran superiores en número y armas; muchos de los soldados habían sido entrenados por los ingleses y habían peleado contra Napoleón.

La derrota final del artiguismo. Derrotado en territorio oriental, Artigas pasó a las provincias del litoral argentino buscando apoyo para continuar la lucha. Los intentos para que el gobierno de Buenos Aires declarara la guerra a Portugal fracasaron. Formalmente la P. Oriental era parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuya organización se estaba discutiendo en un Congreso reunido en Tucumán. Pero el gobierno porteño no sólo no declaró la guerra a los portugueses, sino que, aprovechando la ocasión, atacó a los artiguistas en el litoral.

Mientras los artiguistas eran derrotados en la P. Oriental, del otro lado del río derrotaban a los porteños en la batalla de Cepeda (1 de febrero de 1820). El Director Supremo, que en ese momento era Rondeau, renunció, y las Provincias Unidas quedaron disueltas. Buenos Aires quedó como una provincia sin ningún poder sobre el resto del territorio rioplatense y con los porteños asustados por la presencia cercana de las “montoneras” gauchas.

La situación parecía favorable a Artigas. Pero no lo fue porque:
A) En Buenos Aires una asamblea eligió gobernador a Manuel de Sarratea, antiguo enemigo de Artigas.
B) Los caudillos triunfadores en Cepeda, Estanislao López y Francisco Ramírez, no sentían obligación de estar sometidos al protectorado de Artigas. Buscaron un acuerdo por su cuenta con Buenos Aires dejando de lado a Artigas.

Sarratea no desaprovechó la ocasión y con López y Ramírez firmó el Pacto del Pilar (20 de febrero). En este acuerdo se establecía el fin de la guerra entre las provincias federales y Buenos Aires, se aceptaba el federalismo como el sistema para la futura organización de las provincias (aunque esto quedaba para resolver en un futuro congreso) y se “prometía” ayuda a los orientales para su lucha contra los portugueses. En el texto se mencionaba Artigas como Capitán General de la P. Oriental y no como Protector de los Pueblos Libres.

Artigas no aceptó el Pacto del Pilar y le reprochó a Ramírez por firmarlo. Esto provoca la guerra entre Ramírez y Artigas. El pacto incluía un artículo en el cual Buenos Aires se comprometía a entregarle armas a Ramírez; estas fueron usadas contra Artigas. Artigas contó con el apoyo de Corrientes y Misiones (Pacto de Avalos). Pero fue derrotado y perseguido trasladandose hacia el norte.
El 5 de setiembre de 1820 cruzó el Paraná e ingresó a territorio de Paraguay con los restos de su ejército: un grupo de indios y negros. Tal vez su intención era buscar apoyo en los sectores federales paraguayos para proseguir la lucha. Pero el gobierno de Paraguay, dirigido por Gaspar Rodríguez, temeroso de que la presencia de Artigas estimulara una rebelión federal o sirviera de excusa a Portugal para atacar a Paraguay, lo envió hacia el interior.

Artigas en el Paraguay.
Al mismo tiempo que enviaba a Artigas hacia una zona alejada, Gaspar Rodríguez fusiló a los dirigentes federales paraguayos que podían unirse a Artigas.
Veinticinco años pasó Artigas en San Isidro del Curuguaty. Al morir Gaspar Rodriguez, como aún se lo consideraba peligroso (tenía 76 años) fue hecho prisionero durante seis meses.
En 1844 el nuevo gobernante de Paraguay Carlos Antonio López invitó a Artigas a trasladarse a las cercanías de Asunción, haciéndole una casa en la quinta que aquel poseía.  Allí pasó Artigas sus últimos años hasta su muerte el 23 de setiembre de 1850.
A pesar de los intentos de uno de sus hijos, José María, y de alguno de los gobiernos del nuevo estado que se había creado en la Provincia Oriental a partir de 1830, nunca aceptó regresar al territorio oriental.
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Creado el: 06 de Octubre, 2014. 06:52:20
Categoría: Articulos
Tags: Invasión portuguesa  luso-brasileña  atiguismo 
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