Comprender la Historia COMPRENDER LA HISTORIA Web de apoyo al curso PASAJE DE LA ALDEA A LA CIUDAD El surgimiento de las primeras ciudades A partir de la revolución neolítica, las invenciones trascendentales  parecen haberse sucedido con gran rapidez, comparado con el  ritmo lento del milenio anterior.   De este modo, se encontró en el camino del desarrollo de la vida  urbana, la cual requiere de la escritura, del procedimiento de  computar y de patrones fijos de medidas, como instrumentos de  una nueva manera de transmitir el   conocimiento y las  ciencias exactas. Luego de haber leído la información puedes apreciar estos videos en la Comunidad de Comprender la Historia: El aporte de Mesopotamia Catal Hüyük Plano de una de las primeras ciudades [www.comprenderlahistoria.com] Trascendentales:De mucha importancia o gravedad. Milenio: Período de mil años. Computar: Contar o calcular una cosa por números. Faceta: Cada uno de los aspec- tos que se pueden considerar en un asunto. Procesión: Acto de carácter religioso y solemne en que un conjunto de personas siguen un recorrido determinado. Deidad: Ser divino, cada uno de  los dioses de lass divers.as religiones. Un herrero visita Ubaíd El herrero viaja en barco por el laberinto de canales comunicados entre si que ahora unen todas las ciudades de la  región de Ubaíd. Y lo primero que ve de la ciudad, cuando estira el cuello para mirar por encima de los cimbreantes  juncos, es el propio templo que, edificado sobre una plataforma de mas de 23 metros de largo, con sus ceñudas  paredes con refuerzos verticales, domina todas las casas que lo rodean. Al amarrar el barco, uno de los mensajeros  de los sacerdotes acudirá a darle la bienvenida y a escoltarle hasta el poblado. Es un caluroso día de verano, y el sendero por el que caminan va cruzando los enormes campos de cereales; el  agua corre por un canal de regadío cercano, y la cebada tiene un aspecto espléndido: apenas se ven malas hierbas.  Un grupo de niños corre tras sus talones, observando con curiosidad los fuelles, los moldes y los lingotes de cobre  que asoman por el borde de su bolsa de piel. Ahora entra en la ciudad. Las casas están edificadas con ladrillos de barro y a través de las puertas abiertas puede  ver el brillo de los hornos de pan y también cuencos para comer y camas hechas con juncos. Junto a las paredes hay jarros con agua y en una esquina hay un perro hecho una rosca, que piensa que hace demasiado calor para  molestarse en ladrar al forastero. Al acercarse al templo, la aguda vista del herrero logra distinguir a una sacerdotisa  que entra en una de las capillas laterales; lleva un cuenco de trigo para ofrecérselo a Nannar, el dios luna, y tiene un  aspecto esbelto y elegante, con su gran peluca negra y su túnica amplia. El frescor del templo supone un agradable  cambio, después del sol cegador de los campos. El sacerdote principal se muestra hospitalario, aunque también  directo y realista: se han mellado varias hachas que hay que reparar y se ha roto una punta de lanza que también  necesita arreglo. A esto siguen las negociaciones: ¿Cuánta cebada pide el herrero a cambio de este trabajo?;  ¿Cuánto tiempo se quedará en la ciudad?; ¿No le parece que dos pieles de cordero son pedir demasiado por unas  reparaciones tan sencillas? Una vez que se llega a un acuerdo, se le proporciona al herrero un alojamiento y también lugar donde trabajar. A la  mañana siguiente, a primera hora, el artesano comienza a construir un horno y a preparar los moldes que necesita  para su trabajo. Trabaja durante todo el día, sin detenerse apenas a descansar: primero calienta el cobre sobre el  fuego de carbón hasta que se funde, y luego vierte con cuidado el metal liquido en los moldes preparados de  antemano. Mientras trabaja, un niño le ayuda, moviendo los fuelles con los pies, mientras que le observa en silencio,  admirándose cuando el herrero extrae las brillantes hachas y la lanza de sus moldes, y empieza a pulirlas. Es  sacerdote queda satisfecho con su trabajo, por lo que le da dos sacos de cebada, uno de carne seca y una piel de  cordero, ordenando además que lo lleven hasta el barco y poco después el herrero pare una vez mas, dirigiéndose a  través de los ríos y canales, hacia la siguiente ciudad de su recorrido.  HIGHAM, Charles: "Los primeros agricultores y las primeras ciudades", AKAL, 1990. Lee el siguiente texto: